Historia/Principios

 

HISTORIA DE LA OSTEOPATÍA 

En la mayoría de los países del mundo las necesidades y demandas de la población dentro del ámbito de la medicina no son satisfechas, se ven frenadas por un predominante monopolio médico. Anteponen el corporativismo que mantiene vivo el monopolio en detrimento de los principios de la osteopatía y del interés de los pacientes.

Algunos expertos se hicieron participes de la controversia y de manera imparcial comunicaron un informe en el que se establece que un osteópata “realiza actos que no están reservados exclusivamente al cuerpo médico. Su actividad no es diferente de la que habitualmente tiene un médico. Esta actividad se basa en una filosofía particular, fundada en el concepto de equilibrio del individuo”.

¿Acaso no es deseo del hombre disponer de todos los medios a su alcance para curarse y continuar con su actividad diaria? Un sistema de salud eficaz y concienzudo debería integrar la osteopatía como ya ocurre en muchos países de Europa. Son miles los osteópatas que tratan con éxito a sus pacientes a nivel mundial, no podemos ignorar esa realidad.

 

BREVE HISTORIA

Desde comienzos de la historia el hombre ha sabido utilizar todos los recursos naturales a su alcance. La prueba de ello es que existen innumerables referencias a las prácticas de medicina natural.

En 1238 – 1235 a. C. la civilización egipcia da muestras de sus prácticas de medicina manual a través de un fresco, en el que aparece un practicante manipulando un codo, descubierto en la tumba del faraón Ramsés II.

En 460 – 377 a. C. Hipócrates escribe el Tratado de las articulaciones, en el que describen técnicas manuales de normalización articular.

En 129 – 201 d. C. Claudio Galeno heredó los conocimientos de Hipócrates.

En 1000 d. C. aproximadamente. Avicena, en Irán, escribe el Canon de la medicina. Obra que ejercería una gran influencia hasta la Edad Media.

En 1215 se celebra el Cuarto Concilio de Letrán. Se tomó la decisión de prohibir la práctica de la cirugía a los médicos. La cirugía y los métodos manuales sufren así una profunda regresión. Sin embargo los conocimientos se transmiten de maestro a discípulo manteniéndolos vivos entre la sociedad laica.

En 1509-1590 Ambroise Paré, cirujano y curandero inventor de la ligadura de arterias, destacó en el campo de la cirugía. En aquella época se les llamaba curanderos a quienes curaban mediante masaje, estiramiento y movilización de las zonas lesionadas.

En 1599 Luis de Mercado un catedrático de Valladolid, publicó un libro acerca de las técnicas de reducción de fracturas y luxaciones. Probablemente fue el primer universitario que ilustró a curanderos y algebristas (cirujanos dedicados especialmente a la curación de dislocaciones de huesos).

Durante el siglo XVIII, los cirujanos pasaron de nuevo a forman parte del cuerpo médico practicando exclusivamente la cirugía, pero relegaron a los curanderos a un nivel médico secundario.

En 1814 – 1899 Sir James Paget reputado cirujano inglés escribió un artículo titulado “Cases that Bonesseters Cure” Invitó a sus alumnos a que imitaran lo bueno y evitaran lo malo de las técnicas de los Bonesseters. Este es el nombre con que se denominaba a los curanderos ingleses, normalmente campesinos, que transmitían sus técnicas de manipulación articular a partir de sus antepasados a las generaciones venideras. En Alemania se denominaban Gliedersetzen, en Francia se les llamaba Reboteurs, en España eran los Algebristas, en Italia los Renunctorts, etc.

En 1828 – 1917. Andrew Taylor Still, se inicia por su padre en la medicina entre los indígenas del medio oeste, y pronto conoce las limitaciones de la práctica médica de su tiempo. Pero Still poseía un instinto que despierta su vocación, sin duda, influenciado por los curanderos ingleses. Estudia medicina alopática en Missouri y más tarde se enrola como médico cirujano del ejército durante la guerra de Secesión (1861 – 1865).

Consciente de lo rudimentario de la medicina de la época decide investigar en la anatomía y fisiología humana en busca de hallazgos que permitan combatir más eficazmente la enfermedad.

Taylor Still llega a convencerse de que los medicamentos ingeridos entrañan más inconvenientes que ventajas en los pacientes. En una época trágicamente marcada por las epidemias pierde a tres de sus hijos. Este hecho desencadena  su ruptura definitiva con la medicina alopática y lo impulsa a la búsqueda de fundamentos más acordes con las leyes naturales y por lo tanto más eficaces contra las enfermedades. Su filosofía obedece al axioma “localiza, arregla y déjalo”, Still afirma que el hombre es la obra maestra de la naturaleza y posee en él mismo todas las posibilidades para luchar contra la enfermedad y curar.

En 1892 funda la primera escuela de osteopatía en Kirksville, donde enseña el papel que cumplen las fascias que constituyen la unidad del cuerpo humano. Además, la importancia de tratar las causas y no el efecto que produce una lesión o una enfermedad. Crea un doctorado de medicina osteopática para diferenciar su enseñanza de la que se imparte en las universidades de medicina alopática. Sus investigaciones ahora centenarias forman parte de una doctrina que se enriquece hoy día con el aporte de su incalculable descendencia. Gracias a la osteopatía de Taylor Still hoy existe una nueva visión de la medicina y de la salud.


 

PRINCIPIOS DE LA OSTEOPATIA

Andrew Taylor Still postuló unos sencillos principios que supondrían la base de la medicina osteopática, basada en leyes naturales, en contra de la medicina alopática (alopatía: terapéutica cuyos medicamentos producen, en un organismo sano, fenómenos diferentes de los que caracterizan las enfermedades en que se emplean), que genera efectos secundarios nocivos. Se originó así una revolución de la medicina de su época y una rivalidad bien patente desde hace un siglo hasta nuestros días.

La ciencia es, según la RAE, el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. La osteopatía defiende unos principios realmente sencillos. Siendo así, el buen conocimiento de la anatomía y fisiología es suficiente para tener la certeza, a través del tacto manual, de cualquier perturbación articular, muscular, etc., en el cuerpo humano. El osteópata a través de ciertas presiones y manipulaciones consigue hacer desaparecer dicha anomalía y el dolor que produce. Si la ciencia está basada en el empirismo y la subjetividad del experimentador que se somete a la osteopatía es finalmente compartida por el colectivo, ¿por qué la osteopatía no está reconocida como merece? La respuesta es clara y concisa. Porque no interesa.

Sin entrar en matices pasamos a enumerar los principios de Andrew Taylor Still:

1º LA ESTRUCTURA GOBIERNA LA FUNCIÓN

El cuerpo humano, como la estructura de una obra arquitectónica, está formada por varias estructuras como son los músculos, huesos, órganos, vísceras, glándulas, etc. La función es atribuida a cada una de las partes que conforma la estructura, como la función articular de la estructura del hombro o la función digestiva del conjunto de las vísceras que participan en la digestión.

Cuando la biomecánica del cuerpo funciona perfectamente, es decir, cuando las partes que componen están en un sitio, bien ajustadas entre ellas, bien alimentadas y lubricadas no hay lugar para la enfermedad. En caso contrario, cualquier alteración mecánica de los tejidos orgánicos da lugar a un malfuncionamiento de los sistemas afectados que a su vez va a comprometer al buen funcionamiento de los sistemas de los que depende o de aquellos que dependen de él. En un principio se produce una alteración funcional que con el tiempo evoluciona hacia una alteración histológica y degenerativa de los tejidos.

Consideramos un caso simple, un pinzamiento en una vértebra lumbar por una hiperlordosis:

La estructura nerviosa a través de un par de vértebras afectadas puede verse alterada por compresión o alteración de los nervios. Lo cual dará lugar a un aumento o disminución de la conducción nerviosa que posteriormente producirá una alteración trófica, es decir, una mala nutrición de los tejidos.

Todas las funciones de la estructura vascular son automáticas, están regidas por el sistema nervioso autónomo. Cualquier alteración que afecte a los nervios vasomotores (ya sea por exceso o por defecto), por vía refleja o directa, producirá un malfuncionamiento del segmento neuromotor afectado. Asimismo, una compresión sobre las paredes de los vasos o una actitud postural que dificulte el flujo sanguíneo también produce una mala función de la estructura vascular.

Una mecánica defectuosa en un segmento concreto de la columna vertebral puede afectar a la función visceral produciendo estímulos aferentes anormales (desde la médula espinal a la víscera), impulsos vasomotores anormales sobre la vascularización de la víscera, tensiones y estiramientos anormales de los tejidos de sostén de la víscera. Las congestiones venosas de una víscera por posturas defectuosas, es decir, aquellas que son distintas a la postura normal en contra de la gravedad, también afectan a la estructura visceral.

La estructura ósea puede sufrir alteraciones morfológicas debidas a una estática o dinámica defectuosa que produce una presión anormal en el hueso alterando su forma como reacción de adaptación a la nueva demanda biomecánica. Esta nueva estructura ósea intenta compensar los déficits de movilidad que presenta llegando así a la esclerosis, es decir, una  atrofia o endurecimiento del tejido por el excesivo desarrollo del tejido conjuntivo.

Los movimientos articulares pueden ser ejecutados fuera de su correcto orden mecánico debido a fuerzas de la palanca anormales sobre la articulación o a presiones directas sobre la misma. La estructura articular y sus ligamentos sufren una alteración en forma de lesiones capsulares, irritación sinovial, destrucción de los cartílagos, degeneración de las superficies articulares, desgarro ligamentoso.

Los acortamientos musculares pueden ser producidos por malos hábitos posturales, deportivos, etc., pudiendo alterar la estructura muscular en forma de atrofias, hipertrofias, alteraciones morfológicas de las fibras como fibrositis, contracturas, mialgias, engrosamientos, etc. La estructura muscular también puede verse afectada como causa secundaria de un proceso de lesión que mantiene a la musculatura en un constante estado de presión, estiramiento, tensión o debilidad. Como consecuencia se ve alterada la estabilidad articular y su función de sostén a través de sus ligamentos.

La estructura cutánea sufre un aumento de su configuración al someterse a una presión intermitente. Una presión continua provoca en la piel una atrofia que puede originar enfermedades del colágeno en el tejido conjuntivo.

2º LA UNIDAD DEL CUERPO

El cuerpo humano es una unidad funcional que posee una fuerza intrínseca de autorregulación  mucho más poderosa que cualquier otra fuerza externa que se le pueda aplicar.

Las cien mil millones de células del cuerpo humano se agrupan en tejidos, órganos, funciones creando un sofisticado sistema de comunicación y de control que mantiene la regulación del cuerpo y su capacidad de estabilizar sus constantes fisiológicas. Es decir, impera la homeostasis (conjunto de fenómenos de autorregulación que intentan mantener equilibradas las composiciones y las propiedades de un ser vivo). En efecto, cuando sufrimos una perturbación física, mental o biomecánica poseemos la facultad para reencontrar el equilibrio. En el plano biomecánico, la homeostasis depende de la cabeza. Todo el cuerpo está adaptado para mantener la horizontalidad de la vista y de los canales semicirculares del oído que son la prioridad de nuestra condición vital. Cuando nos levantamos de la cama, podemos observar que ese movimiento empieza siempre en la cabeza. De este modo el cerebro informa constantemente de cualquier modificación de cada parte del cuerpo. Cualquier perturbación de la biomecánica termina por adaptar sus partes al mantenimiento de la horizontalidad de la visión y de los centros del equilibrio. Cuando ello no puede lograrse se desatan fenómenos como los vértigos que remiten horas después de poner los pies en la tierra, ya que se estabilizan así los receptores nerviosos del equilibrio.

Si por el contrario el desequilibrio es permanente las compensaciones iniciales se mantienen hasta que finalmente se fijan, provocando deformaciones que producen dolor por inflamación, edema, contractura, que más tarde van a generar fibrosis, retracciones, artrosis, etc.

Pongamos por ejemplo un esguince de tobillo. En un principio resultará doloroso apoyar el pie en el suelo a menos que se lleve a cabo la normalización del desajuste articular que se ha producido.  En caso contrario, el astrágalo se bloqueará. Los tendones, ligamentos y músculos del tobillo envían señales al cerebro a través de sus receptores nerviosos. Tras recibir la información el cerebro emite una nueva información como mecanismo de defensa que reajusta las articulaciones situadas por encima y por debajo de la zona afectada. De este modo el cerebro resuelve la situación de desequilibrio llevando al cuerpo a una nueva situación de adaptación que  preserva el equilibrio de la cabeza.

Nuestra fisiología trata siempre de recuperar la verticalidad con la ley del menor esfuerzo. La verticalidad es la resultante de las fuerzas antagónicas del desequilibrio y el cuerpo la mantiene utilizando, en condiciones normales, la mínima energía muscular.

El cometido del osteópata es solicitar las fuerzas intrínsecas del organismo para movilizarlas en la lucha contra la agresión patológica, estimulando así el proceso natural de autorregulación corporal.

3º LA REGLA DE LA ARTERIA ES ABSOLUTA

Siempre que la sangre circule convenientemente no puede desarrollarse la enfermedad. La sangre transporta los elementos necesarios para asegurar al organismo una inmunidad natural contra la enfermedad. Una circulación sanguínea lenta disminuye la capacidad de defensa de los tejidos ya que se encontrarán mal irrigados pudiendo dar lugar a una alteración funcional que es reversible y por lo tanto curable. Si este estado permanece comienza la destrucción de los tejidos, es decir, se llega a una situación irreversible como la esclerosis o la necrosis.

4º ENCONTRAR, REPARAR Y DEJAR.          AUTOCURACIÓN

El objetivo esencial del osteópata concluye Still es encontrar la lesión osteopática, repararla y dejar a la naturaleza que haga el resto. La obra maestra de la naturaleza es el hombre y posee, según Still, todo lo necesario para combatir y vencer a la enfermedad. La pieza maestra del organismo es el raquis donde se encuentran las perturbaciones más frecuentes y potentes que son subluxaciones vertebrales cuya corrección conduce a la curación.

Ya sabemos que la estructura mecánica del cuerpo gobierna todas las funciones del organismo. Y éste es capaz de adaptarse a cualquier situación a través de mecanismos compensadores. Cuando la compensación alcance su límite el organismo nos avisa produciendo dolor. Las técnicas osteopáticas restablecen la biomecánica articular normalizando el sentido de libertad articular restringida. A partir de ese instante el organismo comenzará a reequilibrarse compensando más fácil y cómodamente durante el curso natural de la autocuración.

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